un paseo por Alemania

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Sep 24 2007 | Mexico

pues apenas aterrizando en México. Llegue el miercoles por la noche
después de una extenuante jornada. El día anterior, celebrando mi
despedida, me quedé conversando hasta las 2 am con un amigo mexicano (me
imagino que pocas oportunidades tiene de encontrarse con un verdadero
paisano ya que, aunque muchos alemanes hablan español, no es lo mismo
expresar un chale o gritar una chingadera con alguién que verdaderamente
lo siente), el problema es que debía despertarme a las 4 am para tomar
el vuelo de Nuremberg a Amsterdam. Si allí hubiera tenido que
inmediatamente subirme a un avión no me habría importado ya que
habría caido muerto, el problema era que tenía que
esperar 6 horas en Amsterdam. Aterrice en tal estado que en ningún
momento se me ocurrió siquiera desear visitar la ciudad. Afortunadamente
los holandeses son tan civilizados que, en su aeropuerto, existen varias zonas de descanso
con grandes sillones con forma de reposet donde mucha gente, como yo,
dormitaba su espera. Después me dedique a las compras y lo que no había
gastado en Alemania, terminé por hacerlo allí. Tuve cuidado especial en surtirme de Toffiffee, un descubrimiento en Alemania, como un culto, lo describe Stefan.
Bueno, ese fue el regreso a la ciudad donde inmediatamente sentí el paso
de la civilización a la ley de la selva, del homo sapiens al
neardenthal. En fin, que esa sensación, como el jet-lag toma al menos
sus dos días para desaparecer y volver todo a la normalidad, que al fin
al cabo, la sorpresa y lo pintoresco de nuestra tierra ninguna otra lo
tiene.

Esta vez mi viaje sólo incluyo Alemania. Comencé en la tierra productora
del perfume más famoso del mundo y la catedral más grande de Alemania;
Colonia es muy
interesante y afortunadamente todavía nos tocó un poco de buen clima ya
que todos los alemanes afirman que esa semana pasaron inmediatamente del
verano al invierno, así que pocos fueron los días soleados que
disfrutamos. Me he dado cuenta que allí radica una diferencia entre
nuestros estilos (o más bien lugares) de vida, mientras el alemán se
deprime por los cielos nublados; me parece que nosostros los mexicanos,
en cambio, más sufrimos por los días fríos. ¿Será que un día soleado nos
es tan común y poco tiempo pasamos sin que tengamos uno?
Desde el aeropuerto ya que recorrí las primeras calles de la ciudad, me comencé a llenar
de nostalgía. Dos años atrás había pasado allí 4 semanas estudiando el
alemán y ya era mi cuarta visita a la ciudad. Berlín es mi ciudad
favorita de Europa. Un continente, al menos en el occidente, donde ya
todo parece estancado en una historia gloriosa, donde ya no hay espacio
para construir nada más, donde los hombres se aburren esperando cobrar
sus pensiones o sus seguros de desempleo, se yergue una ciudad que todavía sigue creando historia,
que en lo que fue la tierra de nadie, el muro de contención de dos
ideologías, ahora construyen modernos edificios, modernos para lo que
significa para los alemanes ahora eso, es decir acero, cristal y
concreto; pero Berlín tiene muchas facetas, fue el emblema del socialismo
europeo y por lo tanto ejemplo del bloque soviético así que se yerguen
sus grandes edificios de departamentos a lo largo de la Karl Marx Allee,
o su gigantesca torre de televisión en la Alexander Platz donde el reloj
universal parece extraido de un cuento de cosmonautas; de este lado oriental
quedó también el Mitte (el centro), la capital del imperio prusiano en
su estilo barroco y la isla de los museos donde se encuentra completito
el templo de Diana que algún antropólogo alemán se trajo de la ciudad
griega de Pergamo en Turquia y para completar la colección cuenta con
una parte de los jardines colgantes de Babilonia. En cambio la
reconstrucción en occidente fue otra, allí comenzaron antes a inyectar
dinero y en los años 50s trajerons grandes cantidades de trabajadores
invitados de Turquía para reconstruir la ciudad y levantar edificios y
monumentos como el que sobre las ruinas de la iglesia dedicada al kaiser
Guillermo I erigieron y que parecen cartones de huevo apilados pero en
cambio, por dentro son unas vitrales exquisitos. Los orientales, ya
cercano a la caida del muro, también tuvieron sus trabajadores invitados
pero de su propior bloque, así que la comida vietnamita es quizás sólo
un poco menos popular que los turcos "Döner Kebab" que cual tacos al
pastor se ofrecen en todas las esquinas y junto con la curry wurst (una
salchicha rebanada sumergida en una salsa tipo catsup condimentado con curry) son
los platillos callejeros más típicos de Berlín, aunque no falta la
Bratwurst, una salchicha blanca alargada, con un
pequeño panecillo como agarradera en el medio.

Los pocos días que estuvimos aprovechamos para dar una peinada a la
ciudad, desde la "modernisima" Potsdamer Platz donde se encuentra el
famoso centro Sony
con internet inalambrico gratuito y una gran pantalla que alela a
cualquiera que se siente a tomar la cerveza en los restaurantes de allí,
hasta la Alexander Platz que ha perdido ya un poco de su deliciosa decadencia
original que tenía a la caida del muro. Las zonas de la ciudad que antes
eran despreciadas por localizarse a la orilla del muro, ahora se han
vuelto de lo más chic. En la Friedrichstrasse se encuentran la Bentley,
la Jaguar, las Galerias Laffayette y demás placeres accesibles sólo a
los japoneses, especialmente que ya el euro rompió records y se
encuentra a 1.36 USD.

Nos tocó la
que llaman la larga noche de los museos que consiste en que con un sólo
boleto y con horarios extendidos y transporte público incluido, se puede
entrar a la mayoría de los museos de la ciudad, así que en una noche
visitamos la catedral, el museo de Pérgamo, el museo de las culturas con
su famosisima sección egipcia donde exhiben a la Nefertiti que se ha
convertido en motivo de controversia ya que no la quieren prestar al
goibierno egipcio para una exposición. Los entiendo, por que imagino que
Egipto, con sobrada razón, no la retornaría. También intentamos visitar
el museo de la DDR pero al parecer era el más pequeño y el más
concurrido; apenas pudimos entrar, dimos la vuelta entre las fotografías
y objetos que exhibían y que seguramente habría sido igual de fácil de
conocerlos en la casa de los padres de algun amigo "Ossie" y salimos
corriendo de tal apretujadero.

Un día buscando un baño público en la Alexander Platz, nos topamos con que en el lugar donde antes se encontraba uno todo estaba rodeado de mesas con manteles, flores y gente emperifollada. Al parecer inauguraban algo. Después sabríamos que reinauguraban los recien reconstruidos baños públicos de la Alexanderplatz. Los más costosos de Alemania ya que costaron a sus contribuyentes $750,000 US. Es por eso que sigo diciendo que Berlín es la ciudad más moderna del mundo ya que va acumulando vanguardias de muchas épocas e ideologías hasta en los baños.

Después me dirigía al sur, a Dresden, la
primera ciudad de la antigua DDR que conozco. Había estado en Potsdam
que aunque oriental, está demasiado cerca de Berlín y solamente conocía el afamado palacio de Sans Souci.

Dresden es una ciudad barroca que han reconstruido totalmente ya que casi al final de la guerra, en una sola noche, del 14 al 15 de Frebrero de 1945 fue prácticamente destruida en su totalidad por un ataque británico y americano. Ahora esa destrucción sólo se reconoce en la diferencia en el color de las piedras de sus edificios: los restos originales manchados y calcinados y los nuevos limpios y brillantes. Uno de os edificios más emblemáticos de la ciudad es la Frauenkirche, la catedral , que reconstruyeron en 10 años y fue reconsagrada en 2005. Como gran pastel de bodas se yergue entre todos los palacios de la ciudad. Se descubre tambien un interior que parece decorado de betún en tonos rosas, verde claro, azules, como pastel de Sanborns.

Finalmente me trasladé a Nuremberg que aunque en el norte de Bavaria, sus habitantes son francos. La parte antigua de la ciudad es como si hubiera sido realizada con el "Exin Castillo" que jugaba de niño, una especie de Lego para erigir torres y portones: las grandes murallas almenadas, las impresionantes torres cilíndricas coronadas por techos en cono, los fosos. Una ciudad muy bella y de las más turísticas de Alemania. Nurember tambien tiene un pasado negro ya que fue la capital ideológica del nazismo, allí Hitler pretendía construir una nueva ciudad y es que en el medioevo, Nuremberg fue una de las ciudades más ricas y productivas de Europa, famosa por sus orfebres y sus artistas como Alberto Durero.

En fin, que para disfrutar de las Nurnberger Bratwurts, Blaue Zipfel, Rottes Bier y demás riquezas culinarias, tenía que enfundarme en una chamarra de invierno que compré allí mismo ya que el tiempo no mejoró ni un día. La mitad de mi equipaje, shorts, playeras, traje de baño, se quedó guradado sin usar. En fin, que así es esto del cambio climático...